Corría el año 1989, e Ibiza se había coronado como uno de los destinos internacionales por excelencia de la fiesta. Fue entonces cuando Space abrió sus puertas, en una isla en la que se comenzaban a asentar los DJs y el blanco teñía cada esquina de la costa.

27 años después, uno de los clubs más veteranos del paraíso echa el cierre definitivo. Las razones son, entre otras, económicas: El terreno de Space pertenece a un político cuyo hijo es dueño de Ushuaïa, templo actual de la electrónica y que hasta ahora centraba su fiesta en las tardes.

Para curar la cicatriz que dejará la veterana discoteca, la próxima temporada se estrenará en su local Ushuaïa Night, separado del hotel por un paso de cebra.

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Pero nada ni nadie podrá sustituir a Space, una de las primeras discotecas en introducir el techno, con nuevos sonidos profundos y apuestas musicales que en aquellas se consideraban extremas.

El internacional fue su día a día: de allí salió el emblema del chill-out José Padilla y dio sus primeros pasos David Guetta, que repartía los flyers de sus sesiones paseando por la isla.

Y, como se merecía el club, la despedida fue apoteosica: su cierre duró oficialmente 20 horas, en un evento cuya entrada costó 100 euros incluyendo dos consumiciones.

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Este año más que nunca, Ibiza ha puesto punto y final al verano con la clausura de la mítica Space. Todos los clubbers querían asistir, y las largas colas daban acceso el pasado domingo a una fiesta que comenzó a las 4 de la tarde con Carl Cox a la cabina, quien acabó su sesión a 3 de la madrugada con Imagine, de John Lennon.

Dio el relevo a grandes como Bob Sinclar, Wally Lopez, Tale of us o DJ Oliver y el inesperado broche final de Solomun. La última canción que sonó esa madrugada fue Love is in the air. Como cada año, pero por última vez, Space cerró la temporada en la isla.

 

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