Al parecer, la música no sólo es capaz de recrear nuestros sentidos sino que posee cualidades tan importantes como la capacidad de curarnos. Aquella sensación de euforia y placer que sentimos al estar disfrutando una presentación en vivo de nuestro artista favorito podría traernos beneficios insospechados. Te contamos que hoy la música de los más diversos estilos es utilizada por terapeutas en el tratamiento de estados depresivos y ansiosos, e incluso han probado sus efectos sobre enfermedades tales como el cáncer.

Esta técnica llamada “musicoterapia” busca estimular la producción de serotonina en los pacientes para lograr mejoras en los estados de ánimo a través del placer auditivo. ¿Y cómo se logra? Los expertos señalan que a través de las vibraciones producidas por la música, las personas pueden ingresar a otros niveles de conciencia que permitirían alcanzar estados más plenos en los que nosotros mismos seríamos capaces de autosanar nuestras dolencias y restablecer nuestro equilibrio.

Para algunas culturas milenarias los poderes sanadores de la música no son nada nuevo y desde occidente hemos ido importando con éxito dichas tendencias. Un ejemplo muy conocido por nosotros son los llamados cuencos tibetanos, hoy por hoy muy de moda, recipientes de metal provenientes de los Himalayas cuyas vibraciones nos permiten entrar en estados profundos de relajación y, según los entendidos, a través de esta paz lograr la conexión con capacidades autosanadoras que yacen en cada uno de nosotros.

Los beneficios de esta terapia alternativa también han sido probados en múltiples escenarios: en el feto durante el embarazo, para curar estados críticos de insomnio y fobia social, para establecer conexión con distintos grados en el espectro del autismo e incluso ha sido aplicada en pacientes que padecen enfermedades degenerativas como el Parkinson o el Alzheimer, mostrando asombrosos resultados en reconstrucción neurológica.

Por un módico precio puedes acceder a una serie de sesiones de musicoterapia, en la que estarás solo con el terapeuta o bien compartirás con más personas, según la finalidad que persigas. Uno de los puntos fuertes de esta terapia alternativa es su carácter de lúdico. Cada sesión está pensada como un juego en el que los participantes interactúan alrededor de la música, ya sea creando, improvisando, cantando y bailando. Así es que, a lo menos, tienes asegurado un grato momento.






